Domingo, 16 de junio del 2019

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Alan García y Keiko Fujimori: contradicciones de congresistas frente a medidas judiciales

Cuando los oponentes políticos del Apra y fujimorismo eran enviados a prisión, los legisladores de ambos partidos estaban a favor de las medidas judiciales, ahora sucede todo lo contrario

Legisladores del Apra y Fuerza Popular acusan de persecución a sus líderes. Foto: El Comercio

Cuando los oponentes políticos del Apra y fujimorismo eran enviados a prisión, los legisladores de ambos partidos estaban a favor de las medidas judiciales, ahora sucede todo lo contrario

Ollanta Humala, Nadine Heredia Keiko Fujimori han conocido el paseo hacia la prisión. Otros como Susana Villarán o Pedro Pablo Kuczynski podrían conocerlo en cualquier momento y ya tienen impedimento de salida del país, otros como el líder aprista Alan García se resisten a pasar por ese trance.

Ciertamente, los recientes acontecimientos en la política, que definen la frontera entre la libertad y la cárcel, están remeciendo a la sociedad peruana y un tándem del sistema de justicia conformado por el fiscal José Domingo Pérez y el juez Richard Concepción Carhuancho, usando la polémica, pero legal, figura de la prisión preventiva.

La otra línea de reflexión: las contradicciones de políticos, periodistas, partidarios, etc., cuyas opiniones sobre lo mismo varían con el viento, dependiendo de la orilla en la que estén situados.

El expresidente Ollanta Humala dijo en su momento en una columna publicada en el diario El Comercio, tras cumplir 90 días de prisión preventiva, lo siguiente: “Somos los únicos que cumplimos una prisión preventiva abusiva y arbitraria, hoy cumplimos ocho meses en prisión, sin que nada haga merecer una acusación en nuestra contra”. “Con las consideraciones legales expuestas por la Fiscalía, nadie podría estar preso hoy en día, pero como señalan los juristas es un tema legal muy sencillo, revestido de una carga política y mediática muy pesada”.

Luego de lo cual sus adversarios políticos reaccionaban diciendo que allí no había persecución política; es decir, sí para Humala, pero no para sus oponentes. No obstante, recientemente, Alan García se refugió en la Embajada de Uruguay alegando persecución política y, con ello, postergando o eliminando su altiva imagen enmarrocado y arrinconando al sistema de justicia.

Otra paradoja es cómo se referían los congresistas apristas a sus colegas del Frente Amplio en los debates parlamentarios: comunistas, decían. Quién diría que semanas después sería Alan García quien le pediría asilo a un gobierno encabezado por una colisión izquierdista llamada Frente Amplio, más “comunistas” entre comillas, imposible. Somos de la Internacional Socialista, decía Velásquez Quesquén.

¿Hay persecución política en el Perú, no fue acaso persecución política la actitud de este Congreso desde el inicio de sus funciones? Y lo peor, es posible que la sociedad peruana, con todo este mareo judicial y en el que nadie parece salvarse, ¿concluya que cada cambio de gobierno es tan solo el reemplazo de una mafia por otra?

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