La historia de ‘El Español’ y el agente infiltrado que conoció el plan de Pedro Castillo

Un agente de la policía nacional logró infiltrarse y tener cercanía con el ahora detenido personaje ligado al ex presidente Pedro Castillo. Conoce aquí la historia

A las 5 de la mañana de un día a mitad del mes de setiembre, el Centro de Lima se levanta y muchos transeúntes comienzan sus actividades rutinarias. En medio de esa gente se encuentra un hombre con los cinco sentidos en alerta y con una consigna: Reunirse en secreto con el entonces presidente de la República, Pedro Castillo.

Su nombre es Carlos Barba Daza. Un marino retirado que, en su momento, fue acusado de vender información secreta, pero que en ese amanecer de septiembre del 2022, cuando esperaba a un lujoso auto Lexus del Gobierno, se había convertido en un agente encubierto que ayudaba a la justicia

El hombre fue recogido en la avenida Tacna con Emancipación. Subió al auto conducido por uno de los principales asesores del entonces presidente. Por fin su misión iba a dar frutos. Llegar hasta ese lugar le tomó casi un año. Cuando un amigo le comentó que había conocido a un joven con un acento extraño, que buscaba comprar equipos de inteligencia.

Ese joven, de unos 32 años, se encargaba de la seguridad total de este empresario extranjero llamado Sergio Castellanos, acusado de tomar terrenos a la fuerza. 

Barba tomó contacto con el joven de acento extraño solo por WhatsApp. Hablan de los costos de equipos de seguridad, pero luego la conversación se convierte en un intercambio de ideas en temas de inteligencia. El joven nunca dio su nombre y solo le dijo que había nacido en España. Desde ese momento, el agente encubierto Barba se refería a él como “El Español”

A inicios del 2022 el español entra en confianza y empieza a contar un poco más, le escribe a Barba diciéndole que tenía buenos contactos en el Gobierno y en los altos mandos de la policía. Barba pensó que fanfarroneaba. Pero empezó a sospechar cuando 'El Español' le envió estas fotografías. Ahí se ven a altos mandos de la policía, que llegaron a ocupar puestos muy importantes en el Gobierno de Pedro Castillo. Entre ellos el general Raúl Alfaro, actual comandante general de la institución. Estaban junto al empresario extranjero y a quien él llamaba ‘El Español’, que por fin tenía rostro. 

Era la inauguración de una pequeña gruta en este local de la Policía en el Callao que el empresario extranjero había donado. Lo nombraron padrino. Era un evento menor, pero los altos mandos de la policía se dieron tiempo para asistir.  Era, sin duda, una prueba de su poder. Barba dudó, pero creyó cuando Cuarto Poder tocó a su puerta en julio del año pasado para preguntarle porqué había intentado entregarle su número de celular al entonces ministro del Interior Mariano González, a través de uno de sus edecanes llamado Engelbert Verástegui.

En la entrevista Barba niega que el haya llamado, pero dice que tal vez fue alguien que quería hacerle un favor. En ese momento aceptó el intento de acercamiento, pero no quiso revelar quién pretendió ayudarlo dándole su nombre y número al edecán Verástegui

Ahora se sabe que fue ‘El Español’. Se conocían desde hace muchos años cuando fueron vecinos en este condominio, muy cerca de ahí vivían los sobrinos de Pedro Castillo a quienes Verástegui también conocía. Él fue el puente. Por eso el español le dijo a Barba que él colocó a Verástegui como edecán de Dimitri Senmanche cuando este fue ministro del interior como lo vemos en esta foto. En julio del año pasado, llamamos a Senmache para preguntar porque llevó a Verástegui como edecán y su respuesta tiene más sentido un año después. 

Para esas fechas ‘El Español’ era un mito dentro de las investigaciones fiscales. No se sabía más que algún pequeño dato periodístico que había sido publicado. Hasta que una imprecisión en televisión lleva a Barba a dar el siguiente paso. Se presentaba al empresario Sergio Castellanos como el español, y no al joven todavía sin nombre con el que había ganado mucha confianza. A través de un contacto, logró llevar la información hasta la fiscalía que estaba investigando la corrupción en el gobierno de Pedro Castillo.

Entonces Barba se reunió con el coronel Harvey Colchado, miembro del equipo especial, lo hace en secreto y ofrece ayuda. Deciden convertirlo en un agente encubierto para infiltrarse en la organización criminal liderada por Pedro Castillo. Barba acepta y empieza a trabajar. Se ganó la confianza de ‘El Español’ y apareció una oportunidad de oro

‘El Español’ le ofreció ser jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINI). Le dijo que el mismo presidente Castillo o “Run Run”, como él lo llamaba, quería hablar con él y que estaba preparando una reunión secreta.

Es así como se llega a la madrugada del martes 13 de septiembre del 2021, en el cruce de las avenidas Tacna con Emancipación en el centro de Lima, muy cerca al Palacio de Gobierno. Ahí, este lujoso Lexus recogió a Carlos Barba. Lo conducía el asesor de inteligencia más importante de Pedro Castillo, se llamaba Henry Shimaukuro quien hoy es otro investigado en las pesquisas contra el expresidente.

Aún con el cielo azul, enrumbaron hacia Palacio de Gobierno y luego rápido hacia el sur. En un parpadeo ya eran las 7:45 de la mañana y Barba en el vehículo Lexus se vio rodeado de otros lujosos autos. Era la comitiva del presidente que llegaba a una planta desalinizadora en San Bartolo, el furtivo encuentro sería ahí aprovechando una visita sorpresa del mandatario.

Cuando Castillo terminó su recorrido su asesor en inteligencia, Henry Shimabukuro, se le acerca para decirle que el amigo de ‘El Español’, lo esperaba. Caminaron hacia el Lexus, Barba pidió que en el auto solo estuvieran él y Castillo. Y que nadie se acerque a menos de 10 metros. Así lo hicieron. 

Cuando Castillo sube y se sienta, Barla lo saluda, le dice que venía de parte del español y agrega una frase que desencaja al mandatario: “Usted está muerto, señor Presidente”. Castillo se sorprende. Barba le dice que nadie lo había revisado, que él podría tener un arma, un micrófono, que su seguridad no servía. De esa manera se intentaba ganar su confianza.  Castillo sonrió a medias. Le dijo que el español le había hablado muy bien de él y quería que dirija el Servicio de Inteligencia Nacional para espiar a periodistas y políticos opositores. 

Barba le dijo que por los juicios en los que había estado inmiscuido, no podía aceptar. Que lo cuestionarían. Entonces Castillo le dio otro encargo: Que ayude a comprar equipos para hacer contrainteligencia. Es decir, espiar no solo a sus opositores, también a miembros del Gobierno en los que no confiaba. 

El encuentro duró 20 minutos. Castillo dejó la orden y se fue a su camioneta. Toda la comitiva partió, entre ellos el Lexus en el que Barba había llegado. Salieron del Sur con dirección a Chorrillos donde dejaron a Barba. Quien al instante le escribió al español que estaba muy al pendiente de la reunión.

Acordaron reunirse en este Centro Comercial de Chorrillos. Primero llegó el agente Barba, lo verían por primera vez, luego de casi un año de conversación por Whatsapp. A los pocos minutos al español junto a esta mujer. Miraba alrededor desconfiado observó a Barba y le hizo un gesto, pidió algo para comer y estrecharon las manos por primera vez. 

En ese momento, por fin le dijo su nombre completo: Jorge Ernesto Fernandez Hernandez. De inmediato empezaron a planear la compra de equipos de interceptación telefónica. El plan estaba encaminado, el de Barba y el equipo especial: Habían logrado ingresar al círculo más íntimo del español y de Pedro Castillo. 

Barba logró tanta confianza que el español lo llevó a su lujosa casa de la Molina. Un lugar con una piscina de 23 metros de largo que resalta en el exclusivo vecindario, 400 metros cuadrados de comodidad a los que Barba puedo entrar para grabar. Barba le llevaba información falsa de opositores como muestra de su trabajo. La comunicación con Palacio era directa.  En la cómoda casa, Barba preguntaba todo para conocer a los aliados del régimen.

Comprar los equipos de chuponeo era el tema recurrente. Barba le dice que hay una feria en Panamá, que ahí se podía comprar. El español le dice que hay un amigo interesado en acompañarlo, es un político, que tiene buena relación con el Gobierno. Le dijo que se llamaba Luis Cordero y para sorpresa de Barba, pertenecía a la bancada Fujimorista.  

Barba concreta este viaje. Ahí se ve al parlamentario participando de la feria de inteligencia. 
Cuando Barba regresó de Panamá, empezaron a planear una segunda reunión con Castillo. Sería para el 6 de diciembre. Pero desde el 5 Castillo no respondía las comunicaciones. Su palabra fue premonitoria. El 7 de diciembre Castillo dio un golpe de estado. Esa misma noche cae en prisión

‘El Español’ desapareció. Tuvieron que seguir a su pareja y revisar la basura. Hasta que un pequeño descuido confirmó la sospecha, aún estaba en su casa. Había que actuar. 

El lunes en la madrugada, la policía llegó a su lujosa casa de La Molina. Escuchaba atento las razones de su detención. Al terminar, se le oyó susurrar una frase con rabia: “Barba era el sapo.”

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